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Fan engagement: cómo mantener al público encendido en los baches de un festival
Entre banda y banda hay miles de personas paradas, con el celular en la mano y nada que mirar. Esta nota cuenta por qué ese momento vale oro para una productora o un sponsor, y cómo aprovecharlo con respeto por el público.
Por Martín Pedernera, fundador de QR Party

Termina la banda de las ocho. Se apagan las luces del escenario, los técnicos cruzan con cables, alguien prueba un micrófono. En las pantallas gigantes aparece el logo de un sponsor que gira en loop. Pasan diez minutos, veinte, treinta. Abajo, cuarenta mil personas miran el celular, hacen fila para el baño o discuten si conviene ir a buscar algo de tomar y perder el lugar. El momento con más atención disponible de toda la noche está pasando sin que nadie lo programe.
Hacer fan engagement en un festival o un recital es, en buena parte, resolver ese hueco: convertir los baches entre artistas en tiempo en el que el público hace algo y se siente parte. Las claves son cuatro. Darle a la gente algo para hacer mientras espera; dejar que se vea a sí misma y a los demás; que participar sea siempre voluntario; y medir lo que pasó para que el sponsor y la productora sepan qué funcionó. Lo que sigue es cómo hacerlo, con datos sobre la espera y sobre lo que hoy quiere el público.
Qué es el fan engagement y por qué no es solo marketing
En la industria del entretenimiento, fan engagement es el nombre que se le da a todo lo que hace que el público participe en lugar de solo mirar: desde el coro que la banda le pide a la gente hasta las acciones de un sponsor en el predio. En la práctica, muchas veces se reduce a publicidad con otro nombre: una placa, un stand, un sorteo con formulario.
El enfoque que funciona es el inverso. No se trata de que el público mire a la marca, sino de que la marca le dé al público un momento para mirarse a sí mismo. La gente no va a un festival por los sponsors, va por la música y por la experiencia de estar con miles de personas que sienten lo mismo. Todo lo que amplifique esa sensación suma; todo lo que la interrumpa resta.
La espera: el problema que nadie programa
Una grilla de festival se arma pensando en los artistas: quién toca, a qué hora, en qué escenario. Los cambios de escenario se cuentan como tiempo técnico, no como parte del show. Pero para el público son parte de la noche, y muchas veces la parte más larga.
Hay un texto clásico sobre esto que se escribió pensando en bancos y oficinas, no en recitales, pero se aplica perfecto. En 1985, el consultor David Maister publicó The Psychology of Waiting Lines, un ensayo con ocho principios sobre cómo vivimos la espera. Cuatro de ellos parecen escritos para el campo de un estadio:
- El tiempo ocupado se siente más corto que el tiempo vacío. Treinta minutos mirando una pantalla quieta pesan más que treinta minutos con algo para hacer.
- Una espera incierta se siente más larga que una espera conocida. Si nadie sabe cuánto falta para la próxima banda, la ansiedad crece. Una cuenta regresiva en pantalla ya cambia la sensación.
- Una espera sin explicación se siente más larga que una explicada. Contar qué está pasando («estamos armando el escenario de…») es casi gratis y baja la impaciencia.
- Esperar solo se siente más largo que esperar en grupo. En un festival nadie está solo, pero la espera se vive en grupitos aislados. Una actividad compartida convierte a cuarenta mil personas en un mismo público.
El bache entre bandas no es tiempo muerto: es el único momento en que el público está mirando y nadie le está hablando.
Un mercado con más shows que nunca
La pregunta por la experiencia del público se vuelve más urgente cuando sobra oferta. Y en la Argentina sobra. Un repaso de La Capital de fines de 2025 contaba que entre 2024 y 2025 muchos shows nacionales e internacionales se agotaron, algunos en tiempo récord, y que bandas argentinas llenaron varias veces estadios que antes parecían reservados para artistas de afuera.
“Hoy hay más shows de lo que soporta el mercado”
Cuando el público tiene diez opciones para el mismo fin de semana, el line up deja de ser la única razón para elegir. La experiencia completa, incluida la espera, empieza a pesar en la decisión de volver. Y para los sponsors, que pagan por estar presentes en esa experiencia, la pregunta es todavía más directa: ¿alguien se acuerda de la marca que estaba en la pantalla durante el cambio de escenario?

El celular no es el enemigo, es el control remoto
La relación del público con el celular en los recitales es contradictoria, y conviene entenderla antes de diseñar cualquier acción. En una encuesta que Eventbrite publicó en 2018 en el Reino Unido, entre adultos que habían ido a un evento con entrada en el último año, el 70% dijo que le molesta que otros saquen fotos o filmen durante el show, y el 65% sintió que capturar imágenes con el teléfono le podía hacer perder la experiencia en vivo. Sin embargo, el 49% admitió que él mismo sacaba fotos y videos.
70%
de los asistentes a eventos en vivo dice que le molesta que otros filmen o saquen fotos durante el show.
La conclusión no es prohibir el celular, que tampoco funciona. Es darle un momento propio. Si durante el show el celular molesta, durante la espera es la herramienta natural: todos lo tienen en la mano. Una acción bien diseñada canaliza las ganas de sacar fotos hacia los baches, y así deja libre el show para vivirlo. Es una forma de ordenar la noche, no de llenarla de pantallas.
Qué quiere el público hoy: sorpresa y control
Los datos más recientes sobre el público joven muestran dos deseos que parecen opuestos y no lo son. En el Social Study 2026 de Eventbrite, que encuestó en julio de 2025 a 4.051 personas de 18 a 35 años de Estados Unidos y el Reino Unido:
- el 79% dice que es importante que un evento se sienta espontáneo o impredecible;
- el 44% dice que la espontaneidad lo ayuda a sentirse más presente o a salir de la rutina;
- el 45% dice que le gusta controlar cómo y cuándo interactúa;
- el 58% dice que socializar es algo importante, pero prefiere que no sea el foco principal.
Traducido al campo de un festival: el público quiere sorpresas, pero no quiere que lo obliguen a participar. Por eso las acciones que mejor funcionan son las que se pueden mirar desde afuera y sumarse cuando uno quiere. Nadie llama a nadie al escenario, nadie tiene que gritar. Quien quiere, participa; quien no, igual disfruta lo que pasa en la pantalla.
Ideas para cada bache de la noche
Un festival tiene varios tipos de espera, y cada uno pide algo distinto. Esta tabla sirve para conversarlo con producción antes del evento:
| Momento | Cómo está el público | Qué puede pasar en pantalla | Qué gana la producción |
|---|---|---|---|
| Apertura de puertas | Llegando, con energía y con el celular en la mano | El QR gigante y las primeras fotos del público | Que la participación arranque temprano |
| Previa del primer artista | Buscando lugar, en grupos | Fotos y dedicatorias: desde dónde vinieron, qué tema esperan | Un clima de comunidad antes de la primera nota |
| Cambio de escenario | Parado, con la energía en baja | Cuenta regresiva, fotos del público y una meta colectiva | Que la gente no se disperse y llegue encendida |
| Antes del cierre | Expectante, en el pico de la noche | Las mejores fotos de la jornada | Un momento compartido que se graba y se sube a redes |
| Salida | Cansado, sin apuro | Agradecimiento y dónde ver las fotos del día | Que el recuerdo siga después del predio |
El público en la pantalla gigante
Es la idea más simple y la que más funciona. Las fotos de la gente llenan las pantallas del escenario durante la espera. Cada uno busca la suya, la filma cuando aparece y la festeja con su grupo. Es la versión voluntaria de la clásica cámara que recorre la tribuna: acá cada persona decide qué foto manda y con qué mensaje. En la página de shows y recitales hay más ideas para armarlo.
Una meta colectiva
Cuando el público llega a cierta cantidad de fotos, la pantalla lo festeja. Parece un detalle, pero convierte la espera en un juego que miles de desconocidos empujan juntos, y le da a la producción un motivo para mencionarlo desde el escenario.
Dedicatorias para el artista
Mensajes cortos que cruzan la pantalla: el tema que esperan, desde qué provincia viajaron, a quién le dedican la noche. Le da al público una forma de hablarle al artista, y al artista, si quiere, algo para leer y comentar cuando sale.

La lección de la kiss cam: consentimiento antes que nada
En julio de 2025, una de las cámaras que recorren el público en los shows de Coldplay en Estados Unidos enfocó a una pareja que, al verse en la pantalla, se separó y se tapó la cara. El video se volvió viral, en todo el mundo se especuló sobre quiénes eran y, según contó Variety, terminó con la renuncia de uno de ellos a su cargo de director ejecutivo en una empresa.
Más allá del escándalo, el caso deja una lección para cualquier productora: una cámara que elige a quién mostrar puede exponer a alguien que no quería estar ahí. La diferencia con una pantalla de fotos enviadas por el público es enorme. En una, te eligen; en la otra, vos elegís mandar tu foto, y elegís cuál. Esa decisión activa también cambia cómo se vive la experiencia: en una serie de experimentos publicada en 2016, investigadores de la Universidad del Sur de California, Yale y Pensilvania encontraron que sacar fotos aumenta el disfrute de las experiencias positivas, pero advirtieron que una cámara que registra todo sin que la persona decida qué capturar difícilmente tenga el mismo efecto.
Sponsors: de la placa en loop a la marca que acompaña
Para una marca, la pantalla de fotos del público cambia la lógica del auspicio. En lugar de aparecer entre el público y lo que quiere ver, la marca aparece al lado de la foto de la gente, en el marco de la pantalla, en la meta colectiva o en el agradecimiento final. No interrumpe el momento, lo firma.
- Presencia que no molesta: el logo convive con el contenido que el público quiere ver, en lugar de reemplazarlo.
- Contenido grabado por miles: cuando alguien filma su foto en la pantalla gigante para subirla a sus historias, la marca sale en ese video.
- Contactos con permiso: si el público quiere recibir sus fotos después, puede dejar su email de forma voluntaria. Tiene que quedar claro para qué se usa y no debe ser condición para participar.
- Datos para la próxima negociación: cuántas personas participaron, en qué momentos y durante cuánto tiempo la pantalla estuvo activa.
La parte técnica: señal, pantallas y producción
La primera pregunta de cualquier productor es la conectividad: con miles de celulares en un mismo predio, los datos móviles se saturan. Es una preocupación válida, y se resuelve en el diseño de la acción. Lo que se pide al público tiene que ser liviano: una foto y un texto corto, sin descargar ninguna aplicación ni crear una cuenta. Aun así, con la red saturada algunas fotos no llegan a subir: por eso la acción tiene que funcionar también con menos participantes, y conviene ofrecer wifi para el público si el predio lo permite. Del lado de la producción, la pantalla sí conviene conectarla a una red dedicada, separada de la que usa el público.
- Coordiná con el stage manager en qué momentos va la pantalla de fotos y en cuáles vuelve el contenido del artista o del sponsor.
- Probá en las pantallas reales, a la hora real. Una LED de escenario con luz de día no se ve igual que de noche.
- Poné el QR donde se saca el celular: en las pantallas durante la apertura, en los accesos, en las barras y en los carteles del predio.
- Asigná a alguien solo para moderar. En un evento masivo no es una tarea que se hace entre otras.
- Tené un plan B: si algo falla, la pantalla vuelve al contenido de siempre sin que se note.
Herramientas como QR Party están pensadas para este tipo de uso, con pantallas gigantes, miles de personas subiendo desde su celular y moderación antes de que algo salga en grande. Para un evento masivo, igual, lo recomendable es armar el proyecto junto con la producción: cada predio, cada grilla y cada sponsor tienen su propia lógica.
Cómo medir si funcionó
Una acción de engagement que no se mide no se puede vender dos veces. Algunas métricas simples para acordar antes con el sponsor y con la productora:
| Qué medir | Cómo | Qué dice |
|---|---|---|
| Participación | Cantidad de fotos y de personas distintas que enviaron | Cuánta gente se sumó, más allá de los entusiastas |
| Momentos pico | Fotos por franja horaria | Qué baches funcionaron mejor y cuáles conviene reforzar |
| Alcance en redes | Menciones y etiquetas durante y después del evento | Cuánto viajó el momento fuera del predio |
| Contactos | Emails dejados de forma voluntaria | El interés real en llevarse el recuerdo |
| Percepción | Una pregunta en la encuesta post evento | Si la espera se vivió mejor que en otras ediciones |
La espera también es parte del show
Durante años, los festivales trataron los cambios de escenario como un costo técnico inevitable. Pero el público no vive la noche por bloques: la vive entera, con sus picos y sus pozos. Las producciones que entienden eso ganan algo que no se compra con un line up: gente que se va a su casa contando lo que pasó en el campo, no solo lo que pasó en el escenario. Y la mejor forma de llenar la espera no es con más publicidad, sino con el propio público, mirándose en grande y eligiendo cómo aparecer.
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Fuentes
- 1.David Maister. The Psychology of Waiting Lines (1985).
- 2.La Capital. Recitales en Argentina 2026: de AC/DC a Rosalía, sigue el boom de los shows en vivo (30 de diciembre de 2025).
- 3.Eventbrite. Gig-goers fed up with mobile phones at live events (3 de diciembre de 2018).
- 4.Eventbrite. Eventbrite Social Study 2026: Event Trends Shaping the Year Ahead (2026).
- 5.Variety. Astronomer CEO Resigns After Viral Coldplay Kiss Cam Video (20 de julio de 2025).
- 6.ScienceDaily (American Psychological Association). Take a picture, you'll enjoy it more (10 de junio de 2016).
Preguntas frecuentes
¿Qué es el fan engagement en un festival?
Es todo lo que hace que el público participe en lugar de solo mirar: cantar con la banda, interactuar con la pantalla o sumarse a una acción del festival. Funciona mejor cuando pone al público como protagonista, no cuando interrumpe con publicidad.
¿Qué hacer con el público entre banda y banda?
Darle algo para hacer y mirar: una cuenta regresiva, las fotos y dedicatorias del público en las pantallas gigantes y una meta colectiva. Así el cambio de escenario deja de ser tiempo muerto y la gente llega encendida al próximo artista.
¿Cómo se evita mostrar algo inapropiado en la pantalla gigante?
Con aprobación humana antes de proyectar. En un evento masivo conviene que una persona se dedique solo a moderar y que las reglas de qué no se muestra estén definidas antes.
¿Funciona una pantalla de fotos si la señal del predio está saturada?
Sí, si lo que se pide al público es liviano: una foto y un texto corto, sin instalar nada. Con la red saturada algunas fotos pueden no subir, así que conviene sumar wifi para el público si el predio lo permite. La pantalla, siempre en una red dedicada de la producción.
¿Qué gana un sponsor con una pantalla del público?
Presencia junto al contenido que la gente quiere ver, apariciones en los videos que el público sube a sus redes y, si la gente lo elige, contactos con permiso para enviarles sus fotos.
¿Mostrar al público en pantalla es un problema de privacidad?
Puede serlo si una cámara elige a quién mostrar. Cuando cada persona decide enviar su foto, hay consentimiento. Igual hay que avisar que las fotos se proyectan y moderar antes de mostrarlas.

